Arruiné la sorpresa y me metí en un lío

He tenido una discusión tremenda con mi novia por arruinar la fiesta de cumpleaños de su hermano pequeño. Resulta que los padres de mi novia planeaban darle una sorpresa al chico contratándole animadores de fiestas infantiles a domicilio.  Al inicio de la fiesta, que más bien parecía una pequeña reunión familiar, mi novia me pidió que me quedase en la puerta de entrada para recibir a sus tíos, que estaban al llegar; ya que el resto de la familia parecía muy ocupada accedí a hacer de portero. De pronto veo que se acerca un grupo de jóvenes vestidos con atuendos fluorescentes y me preguntaron que si esa era la dirección en la que habían solicitado animadores. Ya que nadie me mencionó que estaban esperando animadores de fiestas, yo les dije que ese no era el lugar que buscaban.

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Los animadores de fiestas insistieron que esa era la dirección pero yo les aseguré que estaban equivocados. Honestamente no sé cómo no se me ocurrió que pudieran ser parte de la fiesta. Después de que llegaran los tíos de mi novia yo me desentendí de la puerta de entrada y de los invitados. No tenía el menor interés en la celebración del hermanito de mi novia. De pronto escuché a mi suegro preguntarse por qué  los animadores de fiestas infantiles a domicilio estarían tardando tanto. En ese momento me di cuenta del error que había cometido. Pasaron un par de horas y mi suegro, evidentemente molesto, llamó a la agencia de animadores de fiestas infantiles a domicilio para que le explicasen por qué no se habían presentado. Los animadores de fiestas explicaron que habían ido a la dirección indicada y que les habían dicho que ahí nadie los había solicitado. Por supuesto, yo no me delaté.

Nadie supo quién había impedido que los animadores de fiestas infantiles a domicilio llegaran a la fiesta. Días después mi novia sacó el tema de los animadores de fiestas a flote y mencionó que su tío había sugerido que fui yo quien no permitió que los animadores de fiestas infantiles a domicilio entraran a la casa. Me sentí tan delatado que tuve que admitirlo. Mi novia no podía creer que le hubiese ocultado que fui yo el culpable de que su hermano se hubiese quedado sin animadores de fiestas el día de su cumpleaños. Ella aún no acepta hablarme de nuevo.